martes, 29 de noviembre de 2011

Un Domingo Especial en Colombia

Vilma Cure

Un domingo, día de elecciones en Colombia, Bety Junco,  una afrocolombiana, manicurista y masajista empírica que vive de su trabajo en las playas de Cartagena, a pesar de nunca haber estudiado ni  aprendido este oficio, sale a la misma hora de todos los domingos, a las ocho de la mañana, pero este día es especial, no hay que trabajar porque ya vendió el voto a un político que llegó a su barrio y les indicó que el que demuestre que votó por él, tiene derecho a $50.000.00, mucho más de lo que ganaría si hubiera trabajado 10 horas, caminando los cinco kilómetros de playa unas diez o doce veces.

Es un domingo donde en Colombia se celebra la democracia, la libertad de elegir a nuestros gobernantes, consecuente con el concepto de  Beatriz Gentile en su libro América Latina, Pensar desde la Emergencia, donde indica que   “la revalorización de la democracia está delineada ahora como un tipo de política defensiva mediante el cual se recupera el Estado constitucional de derecho”, y pienso, será que Bety Junco sabe eso? Será que sabe lo que es democracia y lo que significa el estado constitucional de derecho? Porque su voto es tan válido como el de cualquier senador de la república, cualquier politólogo, cualquier intelectual cualquier millonario, o cualquier personaje importante como por ejemplo nuestro Pibe Valderrama, historia del futbol colombiano.

Casualmente, esta hermosa negra es la manicurista de mi hija y ese domingo, que es el día que tiene disponible para arreglarse las uñas, no va, porque tiene asegurado su ingreso, no necesita trabajar. Así como Bety, sus tres hijos, sus hermanos, sus sobrinos, primos, familiares y amigos venden su voto a políticos de la región que se aprovechan del hambre de la gente para borrarles por $50.000.00 parte de su dignidad y de su derecho a elegir, pero Bety y su familia son afortunados porque  el político por el que van a votar es el que mejor paga, la mayoría de sus conocidos lo venden por un plato de sancocho y una botella de ron, “algo es algo” dicen. Este es el común de mi región, a este territorio pertenezco, y me hace reflexionar qué hago para mejorar esto?

Desde mi posición como docente universitaria, que ejerzo desde hace más de 20 años, he tratado de poner un granito de arena en la construcción de este territorio social y político en mis estudiantes,  tratando de hacerlos saber situarse ante la realidad,  desde ciertas exigencias valóricas, mediante un acto deliberado de conciencia que debe trascender para hacer de la historia que ellos construyen desde su propia realidad, un espacio de gestación de proyectos en pro de la región, del país y de América Latina. Pero sin embargo, algunos de estos jóvenes tienen una conciencia histórico-política influenciada por sus padres, que son amigos, familiares, vecinos de algunos dirigentes políticos, algunos corruptos, otros no, pero el resto, escucha, indaga y muestra interés por el cambio, es a esos a quienes hay que mostrarles con hechos que se puede hacer historia, que a través de proyectos podemos transformar la política en historia y si toda la academia se preocupara por esto, algo logramos, por lo menos crear algo de conciencia en los jóvenes que son los próximos dirigentes en el futuro.

Pero esta construcción no se puede quedar en sueños, ni en una simple queja, Bety tiene que entender algún día que al vender su voto soluciona el problema de un día de comida en su casa, pero si se involucra realmente en la búsqueda del territorio que beneficia a todos y se eligen los dirigentes que tienen proyectos en pro de la educación, de incentivar el emprenderismo, de construir infraestructura vial, de aumentar el empleo, de acabar con la corrupción, podría solucionar no solo el problema de un día sino el de muchos, teniendo un trabajo justo, una buena educación para sus hijos o una perspectiva de crear su propio centro de belleza en su barrio, con el cual generaría empleo, involucraría a su hija, a sus hermanas.  Pero el problema no es sólo de Bety, el político que compra el voto tiene que tomar consciencia que de esa forma no va a perpetuar en el poder, si es eso lo que lo motiva, tiene que entender que el futuro como proyecto se incorpora al presente y que este presente tiene que comenzar a construirse desde ya, desde el quehacer de hoy, desde los proyectos de hoy aunque la historia venga distorsionada, estamos a tiempo.

Aunque no tengo claro cómo, aunque hay mucho por hacer, creo firmemente, como cita el maestro Zemelman a Canetti en sus Horizontes de la Razón, que “No existe utopía que no pueda realizarse”, que podemos construir juntos el territorio que queremos, pero que para eso tenemos que dejar de ser simples observadores de una realidad, tenemos que comenzar a involucrarnos en ella y quedan muchos domingos de elecciones más y mucho por hacer por nuestra gente, desde la academia, desde cada uno de nuestros roles, desde nuestra conciencia como seres humanos que somos.

VILMA CURE MOLANO
CANDIDATA A DOCTOR EN CONOCIMIENTO Y CULTURA DE AMÉRICA LATINA
Docente Litoralista