lunes, 22 de septiembre de 2014

HABLEMOS DE PAZ

Jorge Yuragaky Asprilla
JORGE ELIAS YURGAKY ASPRILLA
ABOGADO – ECONOMISTA
OFICIAL EN RETIRO DE LA POLICIA NACIONAL

Maitrise  de Sciences Leducation Option Developpement Social  de la Universidad de París XII Valde Marne, Magíster en Proyectos de Desarrollo Social de la Universidad del Norte, Especialista en Gerencia Pública, Diplomado en Gestión Pública y Desarrollo Municipal, en Didáctica y  Pedagogía Profesional Universitaria y en Gerencia Educativa, Asesor en el Área Jurídica y en Comercio Exterior, actualmente  Profesor y Decano de  la Facultad de Ciencias Económicas,  Administrativas y Contables de la Corporación Educativa de Litoral.

Por estos días  más que  nunca, cuando Colombia se encuentra haciendo grandes esfuerzos por sacar adelante un proceso de paz,  he podido reflexionar de manera concreta sobre  dos hechos o situaciones, que en una u otra forma tienen que afectarnos, no solamente en nuestra condición de seres humanos, sino como colombianos, que de veras queremos nuestro país.

En primer lugar  la  reciente  masacre de siete miembros de la Policía Nacional en Tierradentro Córdoba por  parte de los narcoterroristas de la Farc, quienes fueron ultimados con “tiro de gracia” cuando ya se encontraban heridos e indefensos, lo cual constituye no solamente un alto grado de crueldad, sevicia y alevosía sino también un grave atentado contra los más elementales principios del “Derecho Internacional Humanitario”.

Valdría la pena escuchar un serio pronunciamiento sobre el particular y otros hechos atroces de asesinatos, secuestros y extorsiones de esta organización narcoterrorista, por  parte  de  la Corte Interamericana de los Derechos Humanos y de la Corte Internacional de los Derechos Humanos.

Pero bueno, sigamos hablando de paz en la  Habana, mientras se sigue secuestrando y extorsionando la población civil y continuamos masacrando indolentemente a los  miembros de la Fuerza Pública en Colombia.

El día miércoles 17 de Septiembre se cumplieron diez años del vil asesinato, en la ciudad de Barranquilla del sociólogo Alfredo Correa de Andreis, persona a quién admiré mucho como persona, como profesional y como colega en este duro trasegar de la vida académica, independientemente de  sus convicciones o  ideología política.

Recuerdo todavía con mucha nostalgia y enorme satisfacción, cuando en el año  1.998, después de habernos graduado en la Maestría  de Ciencias de la Educación, viajamos con mucha ilusión y grandes expectativas a la ciudad de Paris, para estudiar  en la  Universidad de París XII Valde Marne, en la cual culminamos exitosamente  nuestra Maitrise de Sciences Leducation Option Developpement Social, con proyecciones hacia un doctorado en este campo, que era el paso siguiente en el proceso de estructuración académica, que nos habíamos trazado.

A pesar de que este le fue truncado, por un sicario sin alma y seguramente sin convicciones políticas,  a los pocos días de nuestro regreso al país, tengo bien grabadas en mi memoria, sus palabras cargadas de emoción y con acento grave, cuando en  representación nuestra,  agradeció al cuerpo académico francés, habernos brindado la oportunidad de estudiar en sus claustros.

Lo sentí  muy emocionado, hablando de igualdad de oportunidades para todos, sin distingos de ninguna clase, de que la paz en Colombia era un derecho que nos pertenecía a todos y que ésta no era patrimonio de nadie y mucho menos de ninguna clase privilegiada o casta política, ya que la paz se  va construyendo en la medida en que se vaya cerrando la brecha tan grande que existe en este país, entre unos  pocos que tienen demasiado y otros  muchos extremadamente pobres, que cada día tienen menos.

Manifestaba que la paz no se lograba con discursos, sino con hechos y políticas de estado, que efectivamente lleguen a ofrecer soluciones de fondo, a los grandes problemas de orden  estructural, que están permeando las clases más  golpeadas y vulnerables de este país.

Que la solución de la violencia en Colombia, no está en las armas, la agresión y el atropello a los derechos de los demás, sino precisamente aceptando y respetando las desigualdades, porque la diversidad es un atributo inherente a todo grupo social y las personas no se pueden moldear  ni condicionar a nuestra propia forma de ser y mucho menos de pensar.

Dr. Correa De Andreis, descanse en paz. Colombia seguirá luchando por alcanzar la tan anhelada paz.
Jorge  E. Yurgaky A.
c.c. No. 4.791.975 de Quibdó

email: decano.facecono@litoral.edu.co